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martes, 9 de junio de 2015

Adiós a B. B. King

B. B. King, de 89 años, falleció el jueves 14 de mayo en su casa de Las Vegas. El músico, nacido el 16 de septiembre de 1925 en los alrededores de Itta Bena (Misisipí), donde fue inscrito como Riley Ben King, había sido tratado recientemente por su diabetes y su hipertensión. Inevitablemente, sus días finales se vieron enturbiados por conflictos por el control de su fortuna, que enfrentaron a los supervivientes de sus 15 hijos reconocidos y sus numerosos nietos.
Reconocía que no fue un padre ejemplar: estaba constantemente fuera de casa, dando entre 200 y 300 conciertos al año. ¿Su gran hazaña personal? Mantenerse en la cumbre, a lo largo de más de medio siglo. Entre 1949 y 2008, B. B. King fue visitante habitual de los estudios de grabación. Dentro de la música afroamericana, tan ansiosa de novedades, su longevidad profesional resultaba milagrosa. Hombre inteligente, supo rentabilizar su descubrimiento por parte del público blanco e internacional.
Aunque Riley B. King trabajó en los campos sureños, su música tenía vocación urbana y encarnaba la voluntad de ascensión social de los afroamericanos tras el boom de la Segunda Guerra Mundial. En los años cincuenta, definió su estilo con éxitos como Three o’clock blues,Rock me baby o Everyday I have the bluesYou upset me baby: una guitarra expresiva engarzada en una sección de metales que tocabariffs sencillos, sobre ritmos swingueantes, todo potenciado por una voz cálida y convincente, con ecos de la iglesia. Un arreglador californiano, Maxwell Davis, permitió que todo aquello sonara tan suntuoso como apasionado.
Su cancionero trataba esencialmente de los conflictos hombre-mujer y hablaba del sexo con elegancia (“me encanta la forma en que ella abre sus alas”, explicaba en Sweet little angel). A diferencia de tantos artistas negros que se beneficiaron de la eclosión del rock & roll, B. B. King se quedó en los guetos. Eso incluía lugares como el antro de Arkansas donde dos hombres, peleando por los favores de una tal Lucille, derribaron uno de los bidones donde ardía gasolina, un método habitual para calentar el espacio. Entre las llamas, King logró rescatar su guitarra; su instrumento de trabajo cambiaría pero siempre se denominaría Lucille, como recordatorio de los peligros de las giras... y de ciertas mujeres.

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